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Mi tío Jacinto

España / Italia (1956)

Duración: 90 min.

Música: Roman Vlad

Fotografía: Heinrich Gärtner

Guion: Andrés Laszlo, José Santugini, Max Korner, Gian Luigi Rondi, Ladislao Vajda. (Argumento: Andrés Laszlo)

Dirección: Ladislao Vajda

Intérpretes: Pablito Calvo (Pepote), Antonio Vico (Jacinto), Miguel Gila (Paco), José Marco Davó (Inspector), Juan Calvo (Sastre), Mariano Azaña (Cerillero), Pastora Peña (Vendedora de sellos), Julio Sanjuán (Organillero), José Isbert (Sánchez).

El cartero lleva una notificación de una agencia de espectáculos taurinos a nombre de "Jacinto, Matador de novillos", dándole allí su antiguo domicilio, donde le dan un tercero, donde tampoco lo localizan, por lo que lo devuelven como desconocido.

Jacinto en ese momento vive en una chabola en los suburbios, donde vive con su sobrino Pepote.

Mientras Jacinto duerme, el niño sale, pese a que hay una fuerte tormenta, a comprar leche, aunque el lechero le dice que si no le lleva el dinero no se la dará, aunque le ofrece al niño un vaso para que se la tome allí, diciéndole el lechero que él no alimenta a borrachos, y que su tío tiene que dejar de hacer el vago, diciéndole el niño que su tío no es un borracho, que si no bebe se le hincha el reúma y si bebe también, pero está más alegre.

Va luego hasta un descampado, donde hay otros niños que juegan a ser toreros, aceptando él hacer de toro para ellos a cambio de 20 céntimos, colocándose una cabeza de toro de mimbre, aunque cuando quiere hacer de torero le piden mucho más dinero del que daban ellos por hacer de toro.

Vuelve tras el juego a recoger la lechera, aprovechando que no le ve el lechero, viendo al entrar en la chabola que el suelo está inundado debido a la lluvia.

A las 12 despierta a su tío, al que le pone el reloj en las 9.

Al salir ve en el árbol de enfrente la carta de la agencia de espectáculos donde le recuerdan que debe actuar el sábado siguiente, según su contrato, en un espectáculo nocturno, por el que le pagarán 1.500 pesetas, tirando él la carta, que el niño recoge.

El niño pregunta si es otra vez el tutelar, a lo que su tío le responde que es alguien que quiere reírse de él.

Van juntos a coger el tranvía, subiendo ellos los últimos para poder ir por fuera sin pagar, llegando hasta la plaza de Las Ventas, comenzando a recoger colillas.

Se fija el tío en que en el cartel del próximo espectáculo viene su nombre, lo que le sigue pareciendo una broma, pues no le gusta ver su nombre en una charlotada.

Decide llamar por ello a la agencia Bernaldos para preguntar por qué le anuncian, pues es un torero retirado, pero serio, no de charlotadas.

En la agencia le dicen que fue debido a un error, pues debían anunciar a Narciso, y no a Jacinto.

Se van tras ello al Retiro, donde deshacen las colillas, llevándolos tras ello el encargado del camión de riego en su camión.

Van con el tabaco hasta una bodega donde lo venden, volviendo a llamar de nuevo desde allí a la agencia, donde vuelven a disculparse por el error, pero que están dispuestos a ofrecerle el trabajo a él porque no podrán dar con Narciso antes de la noche, decidiendo Jacinto aceptar el encargo.

Pero para actuar debe alquilar un traje para la noche, aunque el alquiler les cuesta 300 pesetas y además irá con ellos un dependiente para vigilar que no le pase nada.

Se pregunta de dónde podrá sacar 300 pesetas.

Consigue hacer un trabajo de llevar unas camas en un carro a una tienda por un duro.

Pepote se encuentra con un tipo, el señor Paco, que le ofrece un trabajo por el que podría ganar hasta 50 pesetas, aunque su tío no le deja, pues Paco es un estafador.

Van hasta una obra, donde espera conseguir un puesto de vigilante, preguntando si le darían un anticipo, aunque le dicen que ni lo intente.

Un amigo le aconseja que pruebe con el asunto de los listines, sabiendo que hay un tipo que saca dinero por eso, aunque ese día lo envía a él, indicándole que debe ir a un piso que en su puerta tiene un cartel que pone restaurador.

El niño, entre tanto, juega a las canicas, siendo un hacha que gana muchas canicas.

El restaurador logra cambiar uno de los números de la guía por otro, explicándole a Jacinto que su trabajo consiste en entregar una guía telefónica en una dirección y recoger las antiguas, y por cada guía que cambie recibirá 50 pesetas, entregándole para que parezca presentable un abrigo y una gorra, pues es probable que tenga que ir a sitios de lujo, debiendo esperar allí a que reciba una llamada.

Tras vender algunas de las canicas ganadas, Pepote se queda extasiado mirando a un organillero, al que le echa una moneda.

Al hombre le cae en gracia y le pregunta si le gustaría ser músico, proponiéndole que sea su socio, debiendo pasar él el platillo mientras él ejecuta las piezas, indicándole que no debe pedir ni a los viejos ni a los niños, para no perder el tiempo, debiendo además sonreír, prometiendo que hará de él un artista.

Le dice que puede suceder que en algún momento sienta la tentación de guardarse algo del dinero que recoja, y, para evitar la tentación debe coger en la mano derecha una mosca, asegurándole que si se le escapa o la aplasta, le dará una paliza.

La gente se arremolina en torno al hombre, que le hace un gesto en el momento en que cree debe empezar a pedir, dinero, aunque ve que no sonríe lo suficiente.

Pepote se enfada cuando un niño le saca la lenga y él lo abofetea, quedando la mosca pegada en la cara del niño.

Cuando el organillero le ve que trata de cazar otra mosca lo llama ladrón y le dice que lo castigará delante de todos, saliendo el niño a la carrera.

Entretanto informan a Jacinto que debe llevar tres guías, pidiendo él 150 pesetas, 50 por cada una, pese a que le querían dar solo 50 al hacer un único viaje.

Pepote llega a la Plaza Mayor, donde ve a un joven que es limpiabotas, lo que él quiere ser, preguntándole si hay que ir a la escuela para hacerlo, diciéndole el limpiabotas que cuanto menos mejor, diciendo el niño que le gusta mucho el oficio.

Jacinto va a cambiar las guías al lugar donde le dijeron.

En el restaurante, un hombre trata de convencer a un hombre rico para que compre un Murillo, que, le dice, es una ganga, pues en el Prado no tenían liquidez, diciéndole que sabe que no le cree y que piensa que quiere timarle, y, para convencerlo de que no es así, le anima a comprobar por sí mismo que no miente, llamando él mismo al Museo del Prado, para lo que pide una guía.

Como en esta cambiaron el número del Museo, quien recibe la llamada es el falsificador, que es quien responde al teléfono.

Pepote vuelve a ver al señor Paco y le dice que quiere trabajar para él.

Este le explica que solo debe permanecer a su lado y decir de vez en cuando "papá, tengo hambre", pues va a tratar de vender un reloj.

El niño le apunta que hay un hombre con cara de tonto, diciéndole Paco que esos no les valen, pues el que compra un reloj por 300 pesetas pensando que vale 2.000 es un granuja y se merece que le timen.

Jacinto regresa para repartir más guías, pero le dicen que no tienen más ese día.

Paco, trata de vender el reloj a un hombre, mientras Pepote dice de vez en cuando que tiene hambre, diciendo Paco que comerán cuando compre las inyecciones de su madre, que le cuenta al comprador que está en el hospital.

El hombre le ofrece 200, pero él dice que le costó 1.920 dos meses atrás y necesita el dinero para las inyecciones, llegando otro hombre que pide verlo y que le ofrece

Llega otro hombre que dice que él se lo comprará por 250, ya que es un Omega, optando el hombre por quedárselo por las 300 al ver al niño llorando y diciendo que tiene hambre.

Consumada la estafa, le entrega al niño 10 pesetas, aunque justo en ese momento llega Jacinto indignado, recordando a Paco que le advirtió que no quería que lo utilizara.

Le dice luego al niño que no quiere volver a verle con Paco.

Este siente no poder seguir contando con él frente al hombre que actuó de gancho, al que le dice que le será difícil encontrar otro igual.

El niño le da el dinero que consiguió, aunque el tío le dice que es suyo, pues fue él quien lo consiguió.

El tipo al que le vende el tabaco le indica que podría dedicarse él al asunto de los relojes y quedarse con las ganancias, pues los relojes puede comprarlos a 65 pesetas, y puede comprar dos y aún le sobra dinero, aunque dice que él no sirve para eso.

Vuelve por ello al asunto de las guías y dice que puede repartir más y por la mitad, aunque, el restaurador le dice, no tienen más por ese día.

Decide por ello intentar el tema de los relojes, estando encantado el niño de poder ayudarle.

Compra un par de relojes a Sánchez, y pregunta al niño a cuánto los vende paco, viendo que es un buen negocio.

Hace que peinen al niño y que se pueda lavar y le compra ropa nueva.

Sus primeros intentos son un fracaso y además le parece mal que el niño diga que tiene hambre, y por ello le pide que diga que quiere una horchata.

Su tercer intento acaba con su detención, ya que trata de vendérselo a un policía.

Interrogan a Jacinto, al que le interrogan si son suyos los relojes, diciendo que los compró, aunque no dice dónde.

Preguntan al niño, viendo que todavía no sabe leer ni escribir.

Le preguntan al niño de dónde sacó los relojes, aunque este cuenta lo mismo, que se los compró a un señor en la calle.

Jacinto cuenta que los compró en el Rastro, yendo el policía que lo detuvo a buscar a Sánchez, que se defiende que ahora es un hombre honrado, viendo el policía, al desabrochar su chaqueta, que bajo esta lleva un montón de relojes.

Sánchez le pregunta si conoce a Jacinto, diciendo que solo de vista que ese día le compró por primera y última vez.

Dejan marcharse a Jacinto por ser su primera detención, aunque le dicen que el niño se queda pues deben llevarlo al tutelar de menores, diciendo Jacinto que ha vivido siempre con él desde que perdió a sus padres, aunque reconoce que no va a la escuela, diciéndole el policía que si el niño sigue con él, acabará siendo un vago, y debe permitir que puedan hacer de él un hombre honrado, y que si le quiere, él mismo debe explicarle que es por su bien.

Jacinto se marcha corriendo, llorando el niño diciendo que quiere ir con él, aunque lo retienen, explicándole el inspector que cuando su tío trabaje y pueda mantenerlo podrá volver con él, diciendo el niño que su tío trabaja en lo que puede, y él también.

Le cuenta cómo trata de conseguir trabajos él, contando que vende sellos, y dice que ese mismo día le dieron una peseta por uno que había en la carta de su tío, que les muestra, pudiendo este ver que le van a pagar 1.500 pesetas por torear esa noche, y, dado que no es un vago, como pensaban, el chico podrá seguir con él, diciéndole el inspector que le soltará si le promete que irá a la escuela, lo que el niño debe hacer.

Encuentra a su tío sentado en las escaleras desesperado.

Pero no parece feliz. Le dice al niño que se vaya a casa en el metro mientras él entra a un bar, diciéndole al niño que emborracharse es a lo único que tiene derecho.

Sale poco después arrepentido de su reacción, viendo a un hombre que dice que no hará el trabajo que le piden si no les dan 500 pesetas, diciendo él al hombre que lo hará por 300, siendo su trabajo el de descargar los sacos de un camión, aunque, pese a lo que prometió al hombre no tiene gente para que le ayude.

Pepote no se va a la chabola. Al ver que van a cerrar la tienda de trajes, va corriendo para pedir al dueño que no cierren hasta que vaya su tío, aunque el hombre le dice que si no hay dinero no hay ropa, pese a que él dice que se la pagará cuando sea mayor.

El niño llora desesperado insistiendo que quiere la ropa, consiguiendo que el sastre se conmueva y pide a su empleado que espere hasta que vaya el hombre y que lo acompañe a la plaza para asegurarse que no le pasa nada al traje.

Pepote corre a buscar a su tío, al que no encuentra en el bar, por lo que grita para que salga, escuchando al hombre que lo contrató despotricar porque contrató a un hombre para que descargara el camión y lo encontró borracho y sin haber hecho el trabajo.

Corre hasta el almacén, encontrando a su tío en el suelo, no consiguiendo que se levante pese a que le dice que tienen la ropa, llamándolo sinvergüenza y borracho.

El niño le lanza agua para despertarle y le ayuda a ponerse en pie, yendo a la tienda, donde se pone el traje de luces, sonriendo el niño al verle así.

Como no tienen dinero debe ir de esa guisa en el metro, llamando la atención y llegando con el tiempo justo para salir, estando esperándolo su cuadrilla que ya temían que no llegaría.

El novillo es recibido por uno de su cuadrilla, tras lo que sale Jacinto, que es aplaudido tras sus primeros lances con el capote, aunque hay un momento en que acaba perdiéndolo, por lo que salen los payasos, a los que les ofrece 750 pesetas si se marchan y le dejan torear.

Sigue con la faena, aunque el novillo no se arranca, y él mismo, debido a su estado de semiembriaguez, acaba cayendo, por lo que deben salir de nuevo los payasos, riendo todo el público con las gracias de estos, aunque el niño se muestra triste.

Sin pasar por las banderillas, Jacinto recurre ya a la espada, aunque antes de hacerlo, y mientras continúa con la muleta comienza a diluviar y la gente se marcha.

Jacinto ve de pronto cómo aparece el encargado de la tienda con su paraguas para evitar que su traje acabe empapado y debe retirarse sin terminar su faena, triste y fracasado.

El chico de la tienda se retira con el traje y Jacinto sale de la plaza igual que antes, viendo que le espera Pepote fuera.

El niño miente y le dice que no vio nada. Solo los primeros capotazos, pues el acomodador le echó, diciendo su tío que estuvo bien, mostrándose afuera más valiente que en la plaza, toreando, mientras el niño sonríe, viendo cómo simula la estocada que no llegó a dar, dejando su paraguas clavado en un árbol, tras lo que se alejan contentos.

Calificación: 3
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