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Sacrificio

Offret (1986) * Suecia / Francia / Gran Bretaña

          También conocida como:
                    - "El sacrificio" (Hispanoamérica)

Duración: 145 min.

Música: Johann Sebastian Bach

Fotografía: Sven Nykvist

Guion y Dirección: Andrei Tarkovski

Intérpretes: Erland Josephson (Alexander), Susan Fleetwood (Adelaide), Allan Edwall (Otto), Guðrún S. Gísladóttir (Maria), Sven Wollter (Victor), Valérie Mairesse (Julia), Filippa Franzén (Marta), Tommy Kjellqvist (Gossen).

Alexander vive con su familia en la tranquila y pequeña isla de Gotland, llevando a su hijo pequeño, Gossen, de 6 años, que no puede hablar, debido a una reciente operación de garganta, a plantar un árbol japonés junto a la playa.

Le cuenta mientras lo hacen la historia de un viejo monje de un monasterio ortodoxo que plantó un árbol seco en la montaña y dijo a su discípulo que regara el árbol cada día hasta que el árbol cobrara vida, debiendo subir para ello cada día por las mañanas a la montaña con un cubo de agua, regresando al monasterio por las tardes, hasta que, después de 3 años, un día vio que toda la parte de arriba estaba llena de flores.

Alexander le asegura que si todo el mundo hiciera el mismo ritual cada día el mundo cambiaría.

Llega hasta ellos en una bicicleta Otto, el cartero, que felicita a Alexander, pues es su cumpleaños que le entrega una carta de felicitación firmada por el gran Ricard, un grupo de compañeros de cuando fue actor, siendo ahora periodista, crítico literario y teatral y profesor de estética en la universidad y escritor de ensayos.

Pero a pesar de ser tan polifacético, Otto le indica que es demasiado pesimista, pues espera demasiado de la vida y esta les decepciona, diciéndole Otto que no debería esperar tanto, aunque reconoce que todo el mundo espera algo, luego perdemos la esperanza hasta que de pronto se acerca la muerte y luego nacemos una y otra vez sin acordarnos de lo sucedido, en una rotación eterna.

Cuando Alexander y el niño continúan camino a su casa, llegan Adelaide, su exmujer con Victor, invitados al cumpleaños, examinando Victor, que es el médico que lo operó del cuello, al niño, comentándole luego a Adelaide que ve a Alexander raro, pues le vio hablando solo de cuestiones filosóficas mientras pasea con su hijo.

Mientras Victor y Adelaide van hacia la casa en el coche, Alexander se queda un poco más con Gossen y le cuenta al niño cómo conoció con su madre esa isla, cuando él no había aun nacido.

Era su primera visita y olvidaron el mapa y se quedaron sin gasolina, por lo que comenzaron a andar y empezó una llovizna, hasta que, de pronto salió el sol y dejó de llover. Había una luz rara y vieron la casa, y entonces les entró tanta tristeza por no vivir en aquella casa tan bonita, que pensó que si vivían allí sería feliz, y como dio la casualidad de que estaba en venta se hicieron con ella y allí nació él.

Lamenta luego que cada vez que el hombre hace un avance lo pone al servicio del mal, siendo capaces de ejercer el mal para mantener el poder y que la humanidad ha llegado a tal desequilibrio entre el desarrollo material y el espiritual, que nuestra cultura es una equivocación.

Se pregunta luego por qué habla tanto, estando tan ensimismado en sus pensamientos que pierde de vista a su hijo, que de pronto lo sorprende asustándolo, a lo que reacciona empujándolo, haciendo que le sangre la nariz.

Se asusta por lo hecho y de pronto siente un fuerte dolor en el pecho y se desploma.

Aparece todo de pronto en blanco y negro, mostrando una calle llena de basura y papeles, habiendo también un coche volcado.

Ya en su casa hojea un libro con ilustraciones de iconos rusos, fascinándole el refinamiento y espiritualidad y a la vez inocencia infantil de las pinturas, lamentando que todo eso se haya perdido, no siendo ya capaz la gente ni de rezar.

Le da las gracias a Victor por el magnífico regalo del libro y por el vino que les llevó.

Le pregunta si no considera que su vida es un fracaso,

Dice que antes lo pensaba, pero no desde que nació su hijo, pues se siente muy unido a él.

Dice que se preparó para una vida más elevada, estudiando Filosofía, historia de la religión y estética y acabó encadenándose a sí mismo, pero a la vez es feliz.

Les cuenta que recibió un telegrama de sus amigos del teatro, recordando cuando representaba con ellos obras de Shakespeare y Dostoievski, recordando Adelaide que Alexander triunfó como príncipe Myshkin, pero luego lo dejó todo, después de "El idiota" y "Ricardo III".

Él dice que de pronto comenzó a sentir vergüenza de simular ser otra persona y fingir emociones ajenas y ser honesto en escena porque el yo del actor se disuelve en sus personajes y no quería que le sucediera, le parecía femenino y pecaminoso, por ser carente de voluntad.

Adelaide le dice que dejó la actuación porque a ella le gustaba que fuera actor. La sedujo con su actuación y la sacó de Londres y luego la dejó tirada.

A ella le gustaba ser la esposa de un actor famoso y se pregunta qué es ahora.

Victor les cuenta que lo deja todo porque le han ofrecido una clínica en Australia.

Llega Otto, el cartero cargad con un regalo. Un gran mapa de Europa de finales del siglo XVII auténtico.

Otto le cuenta a Otto que lleva allí dos meses. Que antes daba clases de Historia en secundaria, pero cuando se jubiló se mudó allí, donde puede dedicar más tiempo a sus aficiones, ejerciendo como cartero en sus tiempo libre.

Cuando Maria, la sirvienta sale para decir que ya terminó de arreglarlo todo, él se atusa el pelo, contándole cuando sale, a Victor que es vecino de ella, y que llegó de Islandia dos años atrás.

Victor le pregunta por sus aficiones, diciendo que colecciona incidentes. Cosas inexplicables, pero ciertas, aunque confirmar que son ciertas, le requiere viajar, tiempo y dinero.

Les cuenta un ejemplo. El de una viuda que vivía en Königsberg con su hijo.

Cuando estalló la guerra, el hijo tenía 18 años y fue reclutado y para tener una foto de recuerdo, fueron a un fotógrafo antes de que partiera.

Días después el muchacho murió y la viuda se olvidó de las foto y nunca las recogió y cuando la guerra terminó ella se mudó a una ciudad lejana de esos recuerdos.

Tiempo después, en 1960 fue a hacerse una fotografía para enviarla a una amiga, y, al ir a recogerla vio que no estaba solo ella en la fotografía, sino que salía su hijo con 18 años y ella con la edad actual.

Él habló con la mujer y tiene la foto en que salen la mujer en 1960 y su hijo en la guerra y un certificado de nacimiento y de defunción, teniendo 284 casos similares.

Y de pronto, y tras contar su historia, Otto cae al suelo.

Parece muerto, pero luego abre los ojos y les pregunta qué creen que le ha pasado

Dice que es un ángel maligno que le rozó al pasar y asegura que no es broma.

De pronto observan cómo las copas empiezan a chocar entre sí y se escucha un gran estruendo sobre la casa, como si unos aviones la sobrevolaran a muy baja altura, tirando el temblor un recipiente con leche, asustándolos.

Fuera, Alexander observa una reproducción de la casa, y le pregunta a Maria, que, terminada su jornada se marcha ya, quién hizo eso, diciendo ella que el niño, y que es su regalo de cumpleaños, y la construyó con la ayuda de Otto.

De pronto en la radio anuncian el comienzo de una guerra y hacen llamamientos para que la gente no se deje llevar por el pánico y les pide que permanezcan donde estén bajo el control de unidades del ejército.

Alexander reconoce que toda su vida ha sido una espera para ese momento.

Adelaide llora y pregunta si no pueden hacer nada, tratando Victor de calmarla, aunque está tan histérica que debe inyectarle un calmante y la acuestan en el diván.

Decide ponérsela también a Marta, pero ella le dice que está tranquila y la rechaza.

Alexander prefiere beber y sale luego afuera mientras Otto intenta hablar por teléfono, aunque ve que no funciona.

Ya despierta, Adelaide le pregunta a Otto por qué siempre hacemos lo contrario de lo que queremos, reconociendo que, aunque se casó con un hombre, siempre quiso a otro y que cuando dos personas se aman no lo hacen en las mismas condiciones, pues el más débil siempre ama más, sin reservas.

Victor apunta que podrían ir al norte en el coche, pues es más tranquilo, pero Otto le dice que no saben dónde será peor y es mejor quedarse allí.

Adelaide también dice lo mismo y besa a Victor antes de irse a cenar, pidiendo Adelaide que despierten al niño para estar todos juntos, aunque Julia se niega a despertarlo y le indica que nadie debe despertarle ni asustarle, pues puede que cuando despierte no se entere de lo que ha ocurrido.

Alexander observa que Victor lleva en su maletín una pistola y se la coge.

Reza luego por él y por sus seres queridos y por la guerra definitiva, tras la cual no habrá ni vencedores ni vencidos, pues no quedará nada.

Le ofrece a Dios un sacrificio, su renuncia a todo lo que posee y ama. Su familia, su casa e incluso su niño y a cuanto le une a la vida para que deje las cosas como estaban antes.

Marta se desnuda y llama a Victor desde su habitación.

Alexander se queda dormido y sueña con él hundiendo sus pies en el barro, en el que encuentra un reguero de monedas, luego el viento abre una puerta en la que no hay nada, habiendo una tapia tras ella.

Se despierta sudando, viendo que Otto desea hablar con él para decirle que todavía queda una esperanza, pidiéndole que vaya a ir a Maria y la convenza.

Alexander no entiende nada, diciéndole Otto que Maria tiene poderes especiales, por lo que debe ir a verla a la granja en que vive, al otro lado de la bahía, tras la iglesia y debe acostarse con ella y todo acabará, pues tiene poderes especiales.

Le presta su bicicleta para que vaya a verla.

Se marcha bajando por una escalera de mano que dejó Otto en su ventana y se aleja sin ser visto hasta coger la bicicleta de aquel, con la que se dirige al pueblo, aunque a medio camino se cae en un charco y decide dar marcha atrás y regresar, aunque vuelve a cambiar de opinión y continúa.

Maria no entiende qué quiere, aunque le permite pasar, preguntándole si ocurrió algo en la casa, observando que no sabe nada de lo ocurrido, hay que, indica, se fue la luz y no vio la televisión.

Le hace lavarse las manos, que se manchó al caerse, tocando él en el clavicordio una pieza que tocaba para su madre, a la que recuerda iba a ver a menudo antes de casarse y de que ella muriera.

Le cuenta que su casa estaba abandonada y llena de maleza alrededor, decidiendo él limpiarlo todo, trabajando durante dos semanas con ahínco para dejarlo todo bien.

Cuando terminó todo, él se bañó y se cambió y se sentó en su sillón para verlo todo como si fuera ella, que ya no podía sentarse allí, aunque al mirar por la ventana vio que aquello no era tan bello como antes de trabajarlo.

Escucha entonces cómo el reloj da las 3 y dice que no les queda tiempo, preguntándole a la muchacha si podría amarlo para salvarlo y salvarlos a todos, pues sabe quién es.

Pero ella le pide que regrese a su casa, ofreciéndose a acompañarlo con su bicicleta.

Él insiste en pedirles que no los mate y que los salve, mientras se apunta con la pistola de Victor a la cabeza.

Ella le pregunta qué le asusta tanto mientras fuera suene un fuerte ruido de viento y le pide que no tenga miedo de nada, tras lo que se desnuda y le dice que todo va bien. Lo besa luego y le pide que no tenga miedo y lo acaricia y le dice que no va a pasar nada.

Se acuestan juntos y mientras hacen el amor sus cuerpos flotan en el aire.

Vuelve a verse en blanco y negro la calle de antes, ahora llena de gente que huye despavorida, y sin rumbo. Asustados.

Mientras duerme sueña que está en el campo con Maria, vestida como Adelaide.

Cuando despierta a la mañana siguiente todo parece como el día anterior. Le despierta una música de flauta y va a apagar el equipo de música, viendo que la luz y el teléfono funcionan sin problemas.

Vuelve a bajar por la escalera de mano para evitar que lo vean, escuchando a bajo cómo Marta se enfada con Victor al que le dice que está loco por irse a Australia y que no le dejará marchar, diciéndole Adelaide que se quede, pues Alexander lo necesita, aunque Victor les dice que está cansado de todo y especialmente de ellos. De hacer de niñera y guardián y que Alexander tiene una familia y una casa estupenda y un niño al que adora.

Marta que fue a despertarle ve una nota de su padre en que les pide que no le despierten, pues pasó mala noche. Que salgan a pasear hasta el mar y que el niño les muestre el árbol japonés que plantó el día anterior.

El niño no está ya, por lo que van ellos hacia la playa, comentando Adelaide que ella le puso esa mañana la música japonesa que él apagó.

Mientras ellos pasean, él regresa a la casa.

Vuelve a colocar en el maletín de Victor su arma y se lo lleva al coche.

Comienza luego a colocar todos los sillones sobre una mesa y sobre ellos un trapo al que prende fuego, que poco a poco se va extendiendo por toda la casa.

Vuelve a poner en marcha el equipo de música con la música japonesa y vuelve a bajar por la escalera bajo su ventana.

Él observa desde lejos cómo arde la casa, mientras Adelaide, Victor, Marta y Julia llegan corriendo tras ver el fuego.

Él les dice que lo hizo él, pero que no se enfaden.

Ve que se acerca Maria y se arrodilla ante ella agradecido y le besa las manos, antes de que se lo lleven Victor y Adelaide.

Llega entonces una ambulancia psiquiátrica para llevárselo, aunque él trata de evitarlo.

Llega también Otto y entre todos consiguen subirlo a la ambulancia, que se lo lleva, viendo cumplida así la promesa que hizo el día anterior, de ofrecerlo todo por la salvación del mundo.

La casa cae comida por el fuego, mientras todos corren a consolar a Adelaide, que llora desesperada.

Entretanto, el niño va a regar el árbol que plantó con su padre el día anterior, pasando la ambulancia junto a él, y Maria con su bicicleta.

El niño riega el árbol sin hacer caso de ninguno de ellos y se tumba luego bajo el árbol a descansar y vuelve a hablar, diciendo, "En el principio era el Verbo. Por qué, papá", mientras observa las ramas.

Calificación: 4
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